3 sept. 2010

Hada de la primavera

Con el florecer de los cerezos, empieza la estación más dulce del año. La que prefieren las Hadas, la que entibia el aire y calienta la tierra, la que permite que todo en la Naturaleza se renueve, germine, nazca...

En primavera, las hadas de las flores actúan siguiendo el ritmo de la naturaleza. No necesitan saber las fechas del calendario, pero a partir del 20 de marzo, cuando los días son ya más largos, las flores empiezan a brotar y abrirse de par en par, asistidas por sus hadas cuidadoras que les transmiten su fuerza y alegría.

La primera en aparecer es el hada del tulipán, que con delicadeza despierta los pequeños bulbos, animándolos a asomar sus cabecitas. De este modo cuando los primeros tulipanes emergen, las hadas se dan cuenta de que la primavera ha llegado. A continuación, cada hada va desperezándose junto con su flor respectiva; el zuzón, la margarita, la beca bunga, la prímula, celidonia, el diente de león, la ortiga o el narciso trompón. Todas las hadas se disponen a celebrar con gran júbilo el estallido multicolor de la primavera, en la víspera del 11 de mayo.

Las hadas se ponen sus mejores vestidos, que adornan con flores, hojas y ramitas. Entonces, buscan un claro del bosque, bien luminoso, y agasajan con coronas y guirnaldas, al hada del tulipán. Esta hada es la encargada de presidir la festividad, situada en el centro de un amplio círculo, en cuyo interior se depositan miles de pétalos que forman un tapiz en el suelo. Elfos, gnomos y duendecillos acuden prestos para participar en la celebración con sus brincos y atrevidas cabriolas, que llegan a alcanzar hasta las copas más altas de los árboles.
Al mismo tiempo, las hadas ejecutan su armoniosa y resplandeciente danza, en la que se cogen de las manos y giran sin cesar alrededor del hada del tulipán, símbolo inaugural y vigoroso de la naturaleza creciente. Mientras, un virtuoso coro de petirrojos y abadejos, revoloteando en el aire, entona una alegre y vigorosa canción. Les acompañan el suave arrullo de las hojas de los árboles y el tranquilizador rumor de la brisa de primavera. Seguramente, de esta ceremonia feérica deriva la tradicional fiesta de la flor de mayo que se celebra particularmente en Irlanda. En esta fiesta, la gente danza alrededor de un mástil o de un poste, para conmemorar la llegada de la primavera.

Las pequeñas hadas esperan, impacientes, que se produzca el milagro que convertirá una preciosa flor en un jugoso fruto.