17 dic. 2010

La Sílfide



Llega puntual la aurora esplendorosa

presumidamente adornada de luz brillante,

y es en ese momento del día naciente

que me pareces aún más hermosa

Tú, mi hada, tan sólo vestida por el sol radiante.


Desde el día que contemplé tu etéreo caminar

sobre el silencioso arroyo caoba

del suelo de mi alcoba,

comprendí que a ninguna otra podría amar.

Cuerpo luminoso por mi deseo moldeado,

ya no necesitas ocultarte

ni en bosques misteriosos,

ni entre las ramas protectoras

de orgullosos árboles centenarios

sino tan sólo entre mis brazos amorosos.

Fascinante materialización de mis anhelos,

eres tan real como mi pasión.

Si eres ángel caído

no temas mis deseos

¡Ven a mi!

pues seré tu añorado cielo azul.

Colorea mi existencia gris de hiel

y no temas mi querer,

¡permanece junto a mi!

pues sólo quiero ser,

eternamente,

el viento que bese tu piel.

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