2 feb. 2011

Donde viven las hadas



El hogar tradicional de las hadas son las antiguas obras de tierra, como las fortalezas y los túmulos.
La palabra hada en “gaélico”, es Sidhe que quiere decir gente de las colinas. Por las noches, las colinas de las hadas permanecen encendidas con lucecillas centelleantes.

La época tradicional en que esto sucede es la fiesta de la cosecha (7 de Agosto).
No se recomienda a los intrusos que invadan estos cerros de las hadas, ni ningún otro hábitat suyo. Pero nada hay que decir en contra de una observación discreta, y hasta es posible que un amigable espectador se veo recompensado.

Además de emplearlas como viviendas, las colinas huecas son escondites para guardar oro, y también hacen las veces con frecuencia de camposantos.
Las invitaciones hechas para visitar la colina de un hada hay que recibirlas con gran precaución y rechazar todos los ofrecimientos de alimentos o de bebida, ya que ello podría desembocar en una perpetua esclavitud.

Las hadas se afanan en proteger sus hogares y su oro. A los buscadores de oro que excavan las colinas de las hadas, les advierten voces extrañas, ruidos maléficos  y terribles tormentas. Si se desoyesen estas advertencias, el único pago seria la mala suerte, las catástrofes e incluso la muerte.

También suelen  residir en los bosques frondosos, porque es allí donde se ven rodeadas de todas esas flores silvestres tan llamativas y coloridas que tanto les alegran y les atraen.

Pero estos no son los únicos sitios donde las hadas pueden establecer su residencia, puesto que se dice que alrededor nuestra, en nuestros hogares, las hadas pueden estar, también, haciéndonos nuestras vidas más llevaderas, gracias a la energía positiva que nos facilitan, y que nosotros canalizamos y exteriorizamos a los demás.

Además, las hadas, en cierta manera, se podría decir, que se encuentran en todos los ambientes y lo controlan todo, hasta los elementos, que van desde los más complejos hasta los más sencillos como son el aire, el fuego, el agua y la tierra.

Se podría decir que en todos nuestros hogares hay hadas, aunque nosotros, los mayores no las podamos ver; su presencia es notable, sobretodo por los niños pequeños que tengan fe, y que crean en ellas.
Es evidente que no se pueden invadir o profanar impunemente los lugares escogidos por las hadas para su morada.
 Imprudente será el que decida construir en los terrenos de las hadas, porque esta gente menuda es perfectamente capaz de trasladar casas iglesias e incluso castillos si se oponen a su emplazamiento.

 Las casas imprudentemente construidas en medio de un sendero de hadas sufren trastornos.
En algunos casos, se había resuelto el problema dejando abiertas las puertas de la fachada y la de detrás para dejarles el paso libre a las hadas.