1 sept. 2010

Hada del otoño


En Otoño cuando la naturaleza cambia su color y se tiñe de tonos rojizos y dorados, y los días se vuelven cada vez un poco más cortos y frios, irrumpen en los bosques y los campos las hadas de las flores de esta estación. Las plantas grandes y fondosas, como el fresno, la espinera blanca y el saúco, el roble y el grácil endrino, y también la zarzamora y la lantana, cuidan de sus respectivas plantas junto a sus compañeras que hacen que los frutos otoñales, carnosos o secos, sean deliciosos y nutritivos para los seres humanos y los animales.

La bellota, la baya, el hayuco, la mora negra, la castaña, la avellana, la manzana silvestre, la brionia o la alheña, todos ellos tienen un hada que los protege y los hace crecer fuertes. Estas hadas visten fundamentalmente, con los colores pardo, carmesí, morado, malva, carasteristicas de los árboles, plantas y frutos del otoño. Algunas incluso tocan su cabeza con los involucros o cápsulas que rodean las semillas y los frutos, poniendo de manifiesto su total armonía con ellos.

En pleno equinoccio de septiembre las hadas del otoño celebran el festival de la luna llena, en el que, bajo su resplandeciente luz, se reúnen sobre un campo de trigo para dar cuenta de un pródigo banquete propio de esta estación del año. Antes de empezar a comer, no obstante, el hada de la espinera blanca vierte con solemnidad una libación de vino de prímula en el suelo. Esta especie de ritual asegura una abundante cosecha para los campesinos, que consideran a las hadas del otoño sus mejores aliadas.

También participan en el baile de máscaras que se celebra en la víspera de Halloween. A media noche las hadas inician una armoniosa danza alrededor de una hoguera, en el trascurso de la cual revelan sus verdaderas identidades. Un ritual parecido al que en la misma fecha ( 31 de octubre ), celebran los celtas, cuyos sacerdotes, vestidos de una manera especial, danzan alrededor de una hoguera sagrada.

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