15 ene. 2011

Los tesoros de las Hadas

La mayoría de las hadas custodian y protegen el medio natural donde viven, pero algunas poseen grandes tesoros y riquezas Cuando los buscadores de oro asaltan las colinas de las hadas, voces y fenómenos extraños tratan de disuadirlos, y si persisten en su empeño, les aguardan desgracias de todo tipo e incluso la muerte.

Una leyenda conocida en todo el mundo afirma que al final de los arco iris existen ollas llenas de oro y piedras preciosas, que ponen allí las hadas y los gnomos, invitando a los hombres a aventurarse a buscarlos.

También las mujeres marinas, habitantes de los océanos, custodian fabulosos tesoros y los preservan de los saqueadores. Dichas riquezas no son solamente el oro o las piedras preciosas procedentes de naufragios, sino también los tesoros naturales del océano, como las piedras y el coral.
A menudo, las hadas utilizan sus riquezas para ayudar a los hombres a salir de sus desdichas. Cuenta una leyenda que en las profundidades del lago Killarney, en Irlanda, habitaba un príncipe de las hadas, O´Donoghue, que así se llamaba el príncipe, entregó una bolsa llena de monedas de oro a Bill Doody, un anciano al que su casero amenazaba con el desahucio si no pagaba el alquiler, Bill pagó, no sin antes obtener un recibo por su oro.

Cual no sería la sorpresa del despeinado casero, cuando en vez de monedas que Billo le había entregado, halló un montón de bollos de pan de jengibre, marcados con la efigie del rey, igual que las monedas. Desde aquel momento, la suerte sonrió a Bill Doody, todas sus empresas prosperaron y se hizo rico.
Y se dice que, muy a menudo, el anciano acude a las orillas del lago Killarney para agradecer a O´Donoghue su inapreciable ayuda.

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